Tan joven y tan viejo

En ocasiones la noche da pie a reflexiones e irreflexiones sobre la vida misma y todo aquello que te rodea, son pensamientos personales que no sueles compartir con la gente que esta contigo en ese momento porque pueden llegar a ser una «rallada de rompe y rasga».

Anoche fue uno de esos momentos mágicos, me encontraba yo en uno de tantos antros coruñeses con mis amigos Adrián, Marcos y Ricardo escuchando música poco menos que extraña con sonido aflautado (por dios, la ecualización vale para algo) cuando acudió a mi ese pensamiento, esa idea reveladora, esa irreflexión, filosofía de garrafón empapada en cerveza y café irlandés (de beber, hacerlo con clase) cuando me di cuenta de que me estoy haciendo mayor.

No se muy bien cuando y como, miraba a mi alrededor y veía a tantas otras personas, a chicos y chicas que se encontraban y se «enrollaban» con esos besos que son poco menos ahogantes, en los cuales se baten récords de mantenimiento de respiración prolongada y me daba cuenta que yo ya no valgo para esas cosas. No sirvo para encontrarme con una mujer y sin apenas cruzar palabra con ella arrancarle una relación esporádica, una serie de besos perdidos en el tiempo, un tal vez hacer el amor y si te he visto no me acuerdo. Llamarme sentimental si queréis, clásico tal vez, pero yo prefiero una buena conversación, una mirada de picardía, un guiño, un beso en la mejilla y un continuaremos con esto mañana.

No se, tal vez sea que me siento, como dice el gran cantautor Joaquín Sabina, me siento tan joven y tan viejo.

Comments are closed.